En 1995, Emerson definió la conducta desafiante como aquella conducta culturalmente anormal de tal intensidad, frecuencia o duración que es probable que la seguridad física de la personas o de los que le rodean corra serio peligro o limite el uso/acceso de los recursos normales que ofrece la comunidad.

Entre el año y medio y los 3 años de vida, observamos la aparición de berrinches, una conducta desafiante que forma parte del desarrollo típico de los niños y niñas. Aparecen ante la dificultad de expresar lo que les sucede o lo que necesitan, dificultad para regular sus emociones y/o tolerar la frustración al no obtener aquello que desean. Estos berrinches se manifiestan por medio de gritos, pataletas, golpes y/o llanto descontrolado, soliendo acompañarse por una sensación negativa de pena, incomodidad, enojo y decepción.

Luego, al adquirir distintas estrategias y recursos que les permiten socializar sus necesidades, los berrinches suelen disminuir y aparecen solo de manera aislada.

BERRINCHES Y TEA

A menudo, vemos que los niños y niñas con TEA (Trastorno del Espectro Autista), presentan mayor vulnerabilidad a tener conductas desafiantes, presentando berrinches con mayor frecuencia y por periodos de tiempos prolongados a lo largo del ciclo vital.

Entre las características que incrementan la aparición de este tipo de conductas, podemos mencionar las siguientes:

  • Dificultades de comunicación
  • Escasez de habilidades sociales
  • Rigidez
  • Necesidad de anticipación y rutinas
  • Hiper o hipo sensibilidad a estímulos sensoriales (sonidos, texturas…)
  • Ausencia de apoyos necesarios

CÓMO PODEMOS ACTUAR

Cuando una conducta desafiante aparece, lo primero que debemos asegurarnos es que el niño o niña no corra ningún peligro, así como terceras personas. Luego, intentaremos mantener la calma, comprobar qué le ocurre, ofrecerle posibles soluciones y ayudarle a relajarse.

El mejor momento para tratar una conducta es cuando no se da. La supresión y el castigo no generan cambios a largo plazo, por lo cuál, la educación será la mejor alternativa, al proponerles nuevos modos de actuar, de expresarse o de interactuar.

Es necesario que nosotros como adultos realicemos un análisis funcional de esa conducta desafiante, buscando respuesta a las siguientes preguntas:

  • ¿En qué momento sucedió?
  • ¿Con quién estaba?
  • ¿Cuál fue la conducta desafiante?
  • ¿Qué función tuvo?
  • ¿Cómo se resolvió la situación?
  • ¿Qué ocurrió después?

Con la información obtenida de este análisis de la conducta y teniendo en cuenta que las conductas tienen lugar en la interacción entre las características individuales y el entorno, podremos también realizar los cambios que consideremos necesarios en el contexto con el objetivo de potenciar su bienestar y reducir estas conductas.

Autora del artículo: Denise Núñez (Psicóloga infantojuvenil)

Colaboración para miradaespecial.com

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