¡Hola!

Hoy me paso por el blog para hablaros de un cuento “muy dulce” que nos enseñará que todos podemos convertir nuestras debilidades en fortalezas.

Cuando Ana nació, todo estaba a oscuras, porque era una niña ciega. Podía sentir los olores de su mamá al cogerla entre sus brazos, de la camisa de su padre… pero todo estaba oscuro.

Cuando se hizo mayor, comprendió que era diferente a los demás. Ella no podía reconocer formas o colores como hacían sus amigos. 

Una mañana, su madre decidió hacer algo para enseñarle cómo eran los colores azul y rojo. Le dio un cubito de hielo y le dijo: “el azul es así”. Después acercó sus manos a la chimenea para sentir el calor que desprendía y le dijo: “…y el rojo así”. 

Sabía que los muebles de su casa se barnizaban con una cera de un olor muy peculiar que ella podía sentir fácilmente. Así, percibía un olor muy intenso cuando se acercaba a ellos y sabía que debía alejarse para no tropezar con ellos. 

Si había algo que le encantaba hacer a Ana era cocinar junto a su abuela, y aprovechando esa gran capacidad que tiene para diferenciar los olores, se convierte en una cocinera muy conocida, incluso en otros pueblos cercanos a su aldea. Y es que los platos que repara tienen algo especial que quien los prueba se siente muy feliz, sintiéndose transportados a momentos felices de su vida. 

Un día conoce a Julián, un joven que desde hace años se siente muy desanimado. Ella prepara todo tipo de recetas para que él se anime, pero por mucho que lo intenta, Julián no supera su tristeza.

Ana ya no sabe qué hacer, pero su abuela tiene la solución, y es que ha llegado la hora de dejar de leer el corazón de los demás para empezar a leer el suyo.

Sin duda, un álbum ilustrado que cuenta una historia de superación con mucha delicadeza, que nos enseña a potenciar nuestras capacidades.

Ir arriba